domingo 22 de mayo de 2011

¿Astenia literaria? ¡Qué va!

¡Qué libros maravillosos he leído esta primavera! Entre el polen, entre el calorcito y las tormentas que van y viene, y este espíritu maravillosamente revolucionario que ha conquistado mi país, me he deleitado con Llámame Brooklyn (2006) de Eduardo Lago, una intensa historia de amistad, exilios, traiciones y amores perdidos escrito con una prosa magistral y ambientada en Brooklyn, claro. 
 Otro título que acabo de terminar es Sábado (2005) de Ian McEwan. Ian McEwan se ha convertido para mi en ese grupo personal de escritores a los que necesito volver cada cierto tiempo,como me pasa con Baricco, con Auster, con Melania Mazzuco, o con Javier Marías, con Sarah Waters o Jeannette Winterson, todos escritores y escritoras maravillosas. En Sábado, McEwan nos narra las vicisitudes, anhelos y miedos y problemas morales a los que se enfrenta el neocirujano, Henry Perowne, a lo largo de lo que parecía  ser un sábado corriente, que pronto deja de serlo cuando, desvelado, tras unos minutos asomados a la ventana de su habitación, en las primaneras luces del amanecer, observa como se estrella un avión no lejos de su casa.

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